martes, 22 de febrero de 2011

Los Kamis



Los kami son, según la definición de Motoori Norinaga, “deidades del cielo y la tierra y espíritus venerados en los santuarios, tanto por humanos, como por aves y bestias, plantas y árboles, océanos y montañas que tienen excepcionales poderes y deben ser reverenciados. Kami incluyen no solo a seres misteriosos que son nobles y buenos, sino también espíritus malignos que son extraordinarios y también merecen veneración.”
Los kami han sido adorados desde el período Yayoi (300 a.C. a 300 d.C.), y fue la base del Shintô. El culto a los dioses pasó del temor a la naturaleza a un sistema de ritos que servían para proteger a las comunidades de cada región.




El espíritu de un kami puede manifestarse en objetos concretos, shintai o “cuerpo de kami”. Estos pueden ser cuerpos celestes como el sol, la luna o en fuerzas de la naturaleza como los rayos, que se dice que son el gruñido de los dioses. También pueden ser accidentes geográficos como montañas o cascadas, y objetos fabricados por el hombre, espejos, peines, etc.

A los kami se les atribuye la creación de varias partes del universo, pero no deben entenderse como omnipotentes, ni son necesariamente inmortales. Entre estos están Izanagi e Izanami, dioses creadores de Japón.
En el Shintô se destaca la pureza ritual. Tras una contaminación -tsumi- se debe proceder a un rito para la purificación. La idea de tsumi no debe entenderse como el “pecado original” cristiano, no tiene consecuencias después de la muerte, son en cambio, actos que producen calamidades.
Los japoneses de la antigüedad asociaban la belleza física y la salud con la virtud y la pureza, mientras que la fealdad, defectos físicos, enfermedades, crímenes, incesto, descomposición del cuerpo, eran asociados con la contaminación.
En muchos casos se usaba el agua como método purificador. Está el caso de Izanagi, quien fue al mundo de los muertos tras el fallecimiento de su esposa Izanami, al salir de ahí, contaminado por la muerte, se baña en el mar para purificarse.
Los tsumi son un peligro contra el orden cósmico. Los japoneses tenían la creencia que sociedad y cosmos estaban interrelacionados y que el perturbar uno podría ocasionar disturbios en el otro.
La mitología del Shintô se explica consistentemente en los textos del Kojiki (712) y del Nihon shoki (720), compilados por la corte imperial Yamato para justificar su poderío. La historia cuenta desde la creación del universo hasta la del imperio japonés, lo que sugiere un fin de manipulación política. Estos mitos fueron respetados hasta 1945, fecha desde la cual se puede hacer estudios arqueológicos en Japón.

Según Matsumae, la mitología japonesa se desarrolló en cuatro etapas:

1.         Jômon-Yayoi:
Se desarrollan las bases del Shintô desde formas animistas hasta la adoración a la naturaleza.
2.         Siglos IV y V:
Personalizan a los espíritus animistas, se les hace culto en sitios específicos y son adoptados como kami de clanes locales.
3.         Siglos VI - VII:
Uso del Shintô en la corte para centralizar su poder. Los rituales son incorporados en la estructura ceremonial que sostiene al estado Yamato.
4.         Finales del siglo VII y VIII:
Nace el Shintô de estado, con un sistema de leyes (Ritsuryo) fuertemente centralizado que determina el desarrollo del sistema del emperador en Japón. De todas formas, las creencias populares continuaron existiendo en la base de las ceremonias en los santuarios estatales.
Progresivamente, el carácter estatal del Shintô y las regulaciones impuestas fueron desgastando el sistema de creencias originales de las aldeas.





cultura japonesa

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