martes, 16 de noviembre de 2010

AIKIRISAS

Nota: Artículo basado en hechos reales



El Aiki-Místico

Suele entornar los ojos al realizar las técnicas, espera encontrar así la comunión con el espíritu de Ueshiba, que, como todos sabemos, basta con entrecerrar los ojos para que nos inunde cual marea arrolladora. Trata de evitar en la medida de lo posible todo contacto con el suelo: sudar es sumamente ordinario y rodar sobre el tatami es rebajarse al nivel del mono. Conoce todas la citas de Ueshiba al dedillo y practica, o eso dice, zazen 5 horas al día. No suele relacionarse con el personal, él no va al dojo para ser vulgar, y beber cerveza con esos degenerados que sólo quieren pasar un buen rato, no, está allí para encontrar su lugar en el mundo y absorber el conocimiento del Cosmos cuando a éste le dé la gana de entender que él y sólo él es digno depositario de dicho conocimiento. Cómo va a hacérselo comprender al Cosmos no lo tiene muy claro, pero seguro que no va a ser relacionándose con gente vulgar.

No se debe mezclar con el prototipo “currante” si no queremos que su vida sufra un giro radical (o su cuello)




El Aiki-chino

Ha visto muchas películas de Bruce Lee y de Jackie Chan de pequeño. Lo habitual es que muchos de nosotros las hayamos visto también, a ver si ahora lo negamos, la diferencia en esta tipología es que pretende realizar aikido del mismo modo. En su momento ha tenido contacto con otras artes marciales cercanas a lo circense y su aprendizaje está salpicado de abundantes movimientos atléticos, contorsiones y golpes variados. Es difícil hacerle entender que para realizar aikido no es necesario mover las manos como una bailaora excepcionalmente activa ni dar saltitos de boxeador y que, de momento, las patadas voladoras no son aplicables en su práctica. Suele atravesar momentos de hosco enfurruñamiento cuando le prohíbes terminantemente realizar los kiai como una gata en celo.





El Aiki-Matón

Se plantea el aikido como un enfrentamiento continuo y se pasea por el tatami dispuesto a contestar a  cualquier reto. No es el más rápido, ni el más listo, ni el más técnico, pero su mirada, perfeccionada por horas y horas de detenido visionado del exquisito cine de Seagal, te dice “eh, tío, soy el puto amo de esto, ni se te ocurra saludarme porque estás jodido” . Cuando realiza un agarre utiliza todas las triquiñuelas habidas y por haber para dar por culo. Eso sí el parecido entre su ataque y el que debe ser es pura coincidencia . Suelen doblar pronto y darse cuenta que las poses tipo “podría estar en la CIA si quisiera” no funcionan con toda la asiduidad que a ellos les gustaría. No obstante una vez recompuestos de un encuentro con cualquiera de la familia “quebrantahuesos” o “currante” y sacudido el polvo de su keikogi, si no existen daños mayores que a su dignidad, volverá a la caza de algún incauto o incauta Aiki-Pulpo  al que atormentar.






El Aiki-Pulpo

Son gente normal y corriente con una única peculiaridad: cuando son sometidos a cierto estrés se transforman… en pulpos, o por lo menos esa es mi teoría ya que si no, no me explico que una  conversación tipo con esta familia de aikidokas sea:

- Avanza la pierna izquierda…

Después de una pausa bastante mayor de lo necesario para poseer sólo dos ejemplares de las susodichas extremidades y perder algo de brillo en los ojos, te mira, mira sus piernas, te vuelve a mirar y contesta:

- ¿Eh?

¡Oh, cielos la transmutación se ha producido!, piensas, y entonces, armándote de paciencia, le dices:

- Tu pierna, la izquierda, muévela hacia delante.

Nueva pausa. Después de un breve temblor,irremediable e inexorablemente moverá su pierna derecha.

Los encuentros con su depredador natural el “Aiki-matón” resultan ser catastróficos habitualmente, ya que a más presión empleada más piernas, pies, manos y brazos parecen crecerles.




El Aiki-Escéptico

Después de recibir una proyección o una luxación, este tipo de aikidoka, se levanta un poco amoscado y te dice muy serio (se dan casos en los que incluso, los muy desvergonzados, llaman al maestro para hacerles partícipes de su escepticismo):

- ¿Ya, pero y si te cojo así?

Nueva proyección o luxación.

– Um, vale… ¿pero y si ahora antes de que llegues te aplicara una inmovilización tibio-rabadillera y aplicara la técnica Genki Dama (bomba de espíritus) que he observado en el capítulo Nº 3.656.789 de Goku?

De nuevo le proyectas o luxas (quizás un poquito más fuerte de lo estrictamente necesario).

Frotándose la articulación dolorida o tratando de encontrar resuello sigue en sus trece y te espeta:

-  Ya veo, pero… ¿y si nos encontráramos sumergidos a 10.000 metros en un batiscafo y te apuntara con  un magnum 45 que he ocultado en mis calzoncillos? Esta técnica no saldría. Seguro.

Mira, a tomar por culo, se me agotó el amor. Te conviertes brevemente en un Aiki-Quebrantahuesos y estrellas su anatomía con ganas contra el tatami en la siguiente proyección, a ver si así todas las armas de destrucción masiva que pueda ocultar salen a la luz.

Normalmente sus dudas le abandonan al mismo tiempo que las lágrimas acuden a sus ojos.




El Aiki-Compasivo

En esta variedad suele haber abundancia de chicas, qué queréis que os diga es mi experiencia ya imagino que no tiene porqué ser así siempre, y son practicantes para los que causar el más mínimo dolor o malestar a su compañero les resulta insoportable. Cuando realizan las inmovilizaciones a menudo ponen cara de pena y, si nadie vigila, sueltan mucho antes que uke siquiera haya iniciado el movimiento para golpear el suelo. Si por una casualidad le explicas la luxación y/o inmovilización aplicándosela su compañero, su cara se transmuta de forma que podría servir de modelo a cualquier pintor que quisiera plasmar a la Virgen cuando bajan a Jesús de la cruz. Cuando les dejas se deshacen en excusas si la intervención ha sido a petición suya o por su culpa, incluso aunque no lo haya sido. Si por ellos fuera todas las técnicas acabarían con un besito y/o fraternal abrazo. Son caldo de cultivo para que los “Aiki-Escépticos” apliquen y verifiquen sus más locas teorías o para la desesperación del Aiki-Currante.




El Aiki-Posturitas

Nada más entrar en el gimnasio mira a ver si tiene espejo. Los podrás encontrar en todas los dojos mirando disimuladamente su reflejo mientras realizan las técnicas y poniendo posturitas a ver que tal quedan.

Es para ellos un arcano el hecho de que Ueshiba desarrollase el aikido sin tener un sólo espejo en el dojo.




El Aiki-Saltimbanqui

Suelen ser jóvenes y con una gran energía que gastar. Es como intentar hacer aikido con una ardilla atiborrada de anfetaminas: a la mínima que les pones una mano encima para realizar una técnica saltan como si les fuera a atropellar una trailer de siete ejes. Normalmente, mientras realiza su parabólica caída, te miras las manos asombrado por si has adquirido algún poder sobrenatural de improviso.

Cuando te toca atacar a tí, ya puedes ser el más avezado Aiki – Perezoso que antes de que  puedas explicarle que “mira, chaval, las técnicas hay que estudiarlas pausadamente” ya le tendrás subido a tu chepa golpeándote con todo el ardor de un mandril histérico.




El Aiki-Parlanchín

Este tipo de aikidoka suele elegir el tatami para charlar sobre cualquier tema que se le  ocurra, te preguntará por tu trabajo, por tu familia, por tu equipo de fútbol… por lo que sea, el caso es ser “enrrollao”. No confundir con el tipo Aiki-perezoso ya que no lo  hacen por “estudiar la técnica” sino simplemente porque el aikido es para ellos una especie de extensión del Facebook. Lo que mola es conocer gente. Y lo que mola todavía más es cuando les toca practicar con un aikidoka del tipo “asceta” o “pistolero”. En esos casos es que me troncho al intentar verles hacer migas. Si quieres practicar tranquilo suele funcionar fingir una discapacidad auditiva irreparable en el momento del saludo.




El Aiki-Guerrero

Estos son los “nasios pa matar”. No les trates de explicar nada porque ellos el  último eslabón de una larga lista de reencarnaciones de samurais, templarios o las dos cosas y están allí para beneficiarnos y dignificarnos con su presencia. Su contacto real con las artes marciales ha sido nulo o meramente testimonial y sin embargo están insuflados por el ardor de su creencia en haber cortado muchas cabezas en alguna otra vida. Realizan las técnicas a su bola y ya seas maestro o alumno no los corrijas, porque se la pela, ellos seguirán realizando una mezcla de aikido, karate, muai thai y pesca con mosca porque les place y así les da derecho su pasado de guerreros superiores. Normalmente son una mutación avanzada del tipo “pistolero”. No son mala gente, pero son muy pesaos.




El Aiki-Bocop

En apariencia puede parecer gente normal pero en realidad son mutantes con un dermatoesqueleto que les hace tener  una flexibilidad similar a la de una gárgola artrítica. Deberían llevar escrito en su keikogi en un lugar bien visible y en letras destacadas: PELIGRO no intentar inmovilizar, riesgo de hernia inginal. En determinados casos se da un híbrido entre el Aiki-Bocop y Aiki-Pulpo (lo que se ha bautizado como Aiki-Pulpop o en lenguaje llano “Rompehuevos”) híbrido éste  que hace a muchos maestros buscar la paz en algún lugar remoto y tranquilo como Burundi o Afganistán.




El Aiki-Perezoso

Todo debe ser estudiado pausadamente para este tipo. Debemos estudiar los movimientos con calma, nada de correr, ni siquiera de ir a una velocidad normal.  Este tipo de practicante realiza aikido de forma que el un chino de 120 años practicando Tai-Chi parezca un Shaolin increíblemente gimnástico. Nada de apretar. Nada de estrés. Cuando les toca caer, si es que topas con un aiki-perezoso portentosamente atlético, lo harán de forma tan pausada que te preguntarás si por ventura la tierra habrá perdido parte de su masa de repente. Existe una teoría que asocia a los Aiki-Perezosos como evolución defensiva del Aiki-Pulpo, pero todavía no se ha estudiado en profundidad. No es que sean vagos, no, es que estudian la técnica.




El Aiki-Currante

Viene a ser lo que un vigoréxico en  un gimnasio. No emite ni una sola palabra, sus ojos están iluminados por el sagrado fulgor del fanatismo aeróbico y suele entregarlo todo sobre el tatami. No es especialmente colaborador ni especialmente “puteador”, su meta es sudar y lo va a hacer aunque tenga que reventarse los huevos en el tatami. Naturalmente suelen ser los tuyos los que acaban reventados.




El Aiki-Quebrantahuesos

Suele ir asociado como subespecie al Aiki-Currante y se caracteriza por emplear una energía inusitadamente violenta para realizar sus proyecciones o luxaciones. Es entretenido observar como sus víctimas, habitualmente Aiki-Matones, recogen sus globos oculares del suelo después de la primera proyección mientras boquean enloquecidamente tratando de hacer que sus pulmones funcionen de nuevo.

En su versión extrema y más peligrosa se camuflan como Aiki-Perezosos lo que les hace, si cabe, aún más peligrosos: cuando crees confiadamente que todo va a ir como la seda a una velocidad que hace de un perezoso el  Usain Bolt de los mamíferos, te sorprende con una luxación que hace que las lágrimas fluyan de tus ojos en plan “Puente de Madison” o una proyección en la que, después de despertarte, tratas de recordar la matrícula del camión que te ha atropellado.

Todos, pero que todos, pero todos, todos, nos manejamos en cualquiera de estos apartados o tenemos un “amigo” al que identificamos plenamente con alguna de estas familias aikidokiles… ¿o no?

LOS 47 RONIN I


LOS 47 RONIN I

La leyenda de los 47 rōnin  o "Leyenda de los 47 samuráis", es una historia japonesa, considerada como leyenda nacional en este país, por varios estudiosos. Este evento se desarrolló aproximadamente entre 1701 y 1703 y es la leyenda más famosa del código de honor samurái: el Bushidō.
Cuenta la historia que un grupo de samuráis (exactamente 47) se vieron obligados a convertirse en rōnin (samurái sin señor) de acuerdo al código de honor del samurái, después de que su daimyō (señor feudal) se viera obligado a cometer el seppuku (ritual para suicidarse), por haber agredido a un alto funcionario judicial llamado Kira Yoshinaka, en una sede de gobierno. Los rōnin idearon un plan para vengar a su daimyō, el cual consistía en asesinar a Kira Yoshinaka y a toda su familia. Los 47 rōnin esperaron aproximadamente un año y medio para no despertar sospechas entre la justicia japonesa. Después del asesinato de Kira se entregaron a la justicia, y fueron sentenciados a cometer seppuku. Esta legendaria historia se hizo muy popular en la cultura de Japón, porque muestra la lealtad, sacrificio, persistencia y el honor que las buenas personas deben preservar en su vida diaria. La popularidad de la casi mítica historia aumentó por la rápida modernización ocurrida durante la era Meiji en Japón, cuando muchas personas en aquel país anhelaban un regreso a sus raíces culturales.
Estos nombres no son de ficción, ni tampoco existe ninguna duda de que algo sucedió realmente en Genroku. Durante muchos años, la versión de los hechos fue narrada por Tales of Old Japan y se consideraron auténticos. La secuencia de los acontecimientos y los personajes de esta narración se presentaron a una amplia lectura popular en Occidente.
Tales of Old Japan invitó a sus lectores a construir su historia de los cuarenta y siete rōnin como históricamente precisa, y al mismo tiempo Tales of Old Japan a lo largo de la historia ha sido considerado un estándar de trabajo; algunos de sus detalles precisos están ahora cuestionados. Sin embargo, incluso con posibles defectos, el trabajo de Tales of Old Japón sigue siendo el punto de partida para realizar un estudio más a fondo.
La historia de los 47 rōnin es una de las más celebradas en la historia samurái. Esto se debió más que todo a que ocurrió en un tiempo en que la clase samurái luchaba por tener un sentido en sí misma, pues eran guerreros sin batallas a las que atender, una clase social sin función.
Génesis de una tragedia
Con las enseñanzas de Yamaga Soko, un teórico influyente que escribió un número de importantes trabajos sobre el espíritu guerrero y lo que significaba para el samurái, sus escritos inspiraron a un cierto Oishi Kuranosuke Yoshio, un samurái y servidor de Asano Takumi No Kami Naganori, que gobernaba una rama poderosa de su familia.
Sucedió que Asano fue escogido por el shōgun Tokugawa Tsunayoshi para ser uno de los daimyō cuyo deber era el de entretener a los enviados de la Familia Imperial. Para ayudarlo en su nuevo deber, el maestro de protocolo de mayor rango en el bakufu, Kira Kozukenosuke Yoshinaka, fue asignado a instruirle en asuntos de etiqueta. Kira, al parecer, era alguien difícil y esperaba que Asano le compensase con una gran suma de dinero por el “problema”, que Asano consideraba simplemente como su deber. Ambos se disgustaban mutuamente, y Kira intentaba por todo medio de humillar a su discípulo. Finalmente, la situación explotó en el palacio del shōgun; Kira insultó a Asano una vez más y éste, enfurecido, desenvainó su nihontō y la blandió contra él. Kira sólo resultó ligeramente herido y Asano fue prontamente puesto bajo arresto.
Atacar a otro con furia iba contra la ley; hacerlo en el palacio del shōgun era impensable. Asano hizo poco esfuerzo por defenderse durante el interrogatorio, excepto decir que no guardaba rencor al shōgun y que sólo lamentaba no haber matado a Kira.7
Después de que los o-metsuke terminasen su investigación sobre el asunto, el shōgun emitió una sentencia de muerte contra Asano, ordenándole cometer el suicidio. El shōgun decretó que sus ingresos de 50.000 koku donde Ako en Harima debía de ser confiscado y que su hermano Daigaku debía ser puesto bajo arresto domiciliario.
La venganza de los rōnin
Cuando las noticias del desafortunado hecho llegaron al castillo de Asano, sus servidores se alteraron y discutieron acaloradamente sobre lo que habían hacer. Todos ellos se reunieron para discutir la venganza del asesinato de su maestro por Kira, a pesar de que sabían que serían severamente castigados por ello. A pesar de esto, los ahora rōnin hicieron un juramento secreto para vengar la muerte de su maestro. Unos propusieron renunciar y convertirse en rōnin, mientras que otros deseaban defender el castillo y enfrentarse al gobierno. Oishi Kuranosuke sugirió abandonar el castillo en paz y pelear por la familia Asano mientras que al mismo tiempo preparaban la venganza contra Kira, y esta opinión prevaleció.
Una banda de servidores de Asano, ahora rōnin, planearon un cuidadoso plan para la venganza. Kira, esperando represalias, incrementó su guardia personal. El plan de Oishi era esperar a que su presa se confiara con el tiempo, mientras él esperaba el momento justo. Para este fin, los rōnin escondieron muchas armas y armaduras en diferentes y diversos lugares, tomando trabajos menores; otros, como el mismo Oishi, pretendieron perder importancia por su futuro.
Sin embargo, Kira estaba bien vigilado, y su residencia se había fortificado, para evitar un evento de ese tipo. Ellos vieron que tendrían que ponerlo "fuera de su guardia" antes de que pudieran tener éxito. Para acallar las sospechas de Kira y otras autoridades, se dispersaron y se convirtieron en comerciantes y monjes.
Ōishi asumió él mismo la residencia de Kioto, y comenzó a frecuentar los burdeles y tabernas, como si nada fuera más lejos de su mente que la venganza, incluso abandonó a su esposa, se divorció de ella en el acto, y la envió lejos con sus dos niños más pequeños. En el lugar de su esposa, compró una bonita y joven concubina. A pesar de esto, Kira todavía temía una trampa, y envió espías para observar a los ex sirvientes de Asano.
Un día, Ōishi regresó borracho, tanto que cayó en la calle dormido, y todos los que pasaban se rieron de él. Un hombre de Satsuma, pasando por aquel camino, se enfureció por este comportamiento por parte de un ex-samurái tanto por su falta de valor para vengar a su maestro, así como su comportamiento actual. El hombre de Satsuma le insultó y abusó de él, y le pateó en la cara (tocar el rostro de un samurái era un gran insulto), y escupió sobre él.
Los espías de Kira informaron que los sirvientes Asano eran todos unos samuráis mal hechos, sin el valor de vengar a su maestro, y deberían ser inofensivos; Kira llegó a la conclusión de que estaba a salvo de los sirvientes de Asano y luego dejó de estar alerta y relajó a sus guardias.
El resto de los fieles vasallos ahora reunidos en Edo, y, en su papel de trabajadores y comerciantes, consiguieron acceder a la casa de Kira, familiarizarse con el diseño de la casa, y el carácter de todos dentro. Uno de los retenedores (Kinemon Kanehide Okano) llegó a casarse con la hija del constructor de la casa, para obtener los planos. Todo esto se informó a Ōishi. Otros se reunieron en secreto y consiguieron armas y le fueron transportadas a Edo.
El ataque
No hay necesidad de decir que Kira dudó de su situación de peligro y en un año bajó su guardia. Fue en este punto en el que los rōnin atacaron. Cuarenta y siete de ellos se reunieron el decimocuarto día del duodécimo mes de 1702 y después de armarse, comenzaron con su venganza esa misma noche. Una vez en la mansión de Kira en Edo, se dividieron en dos grupos, uno atacó por vanguardia y otro por retaguardia. Muchos de los hombres de Kira fueron heridos o asesinados puesto que fueron tomados por sorpresa, mas opusieron buena resistencia (uno de los rōnin murió aquí). Kira fue encontrado fuera de la casa y presentado ante Oishi, quien le dio oportunidad de cometer seppuku. Como no respondió, Oishi lo decapitó con la misma daga con la que Asano cometió seppuku. La cabeza fue puesta en un balde y fue llevada al Sengakuji, donde estaba enterrado Asano. Después de presentar el sangriento trofeo al espíritu de su amo, se entregaron.
Las secuelas
700 soldados fueron por ellos a Sengakuji; el señor Sengoku los trató muy bien, los alimentó y dio donde descansar. Araki le comentó después de unos días a Oishi: “la gente está a tu favor, por eso se ha retrasado su sentencia. El shōgun está enterado de que obedecieron y que no se habían comportado como criminales comunes, ya incluso hay un kabuki de ustedes. Ya son héroes famosos”. El 4 de febrero de 1703, después de 47 días llegó su sentencia: Se les concedía el gran honor de morir por seppuku (ritual de suicidio con honor) y no morir como criminales. Oishi avisó de que lo harían por grados y pidió que su hijo Chisaka fuera el primero. Los 46 rōnin que murieron por seppuku están enterrados juntos en Sengakuji, Terasaka Kichiemon fue perdonado y después sepultado junto a Sanpei Rayano, quien cometió seppuku, ya que al querer participar en la venganza no le fue permitido por su familia. A la entrada del templo se encuentra una estatua de Oishi y los 47 nombres de los guerreros.
El asesinato de Kira puso al gobierno en una difícil situación. Después de todo, los sobrevivientes que ahora aguardaban su destino habían vivido bajo los estándares de lealtad esperados de un verdadero samurái y los ideales promulgados por hombres como Yamaga Soko.

En el regreso a Sengaku-ji, los rōnin se detuvieron en la calle, ya que fueron invitados a un refrigerio.
Adicionalmente, la decisión de ordenar el seppuku de Asano y confiscar sus dominios sin tomar acciones contra Kira no fue popular (al menos uno de los o-metsuke fue destituido por protestar contra el veredicto). Sin embargo, el bakufu decidió que mantener el orden era lo más importante, y así los rōnin fueron sentenciados a cometer seppuku, a sugerencia del famoso erudito confucionista Ogyu Sorai. Los rōnin fueron custodiados en grupos de cuatro por diferentes daimyō, mas cuando murieron, fueron enterrados juntos en el Sengakuji. Se dice que el samurái de Satsuma que escupió a Oishi vino al templo y también cometió seppuku para enmendar sus errores.
La venganza de los 47 rōnin continuó esparciendo controversia durante el periodo Edo. Unos opinaban que esperaron demasiado para ello, pues Kira corría riesgo de morir (tenía 60 años de edad) y sus esfuerzos serían vanos; ésta era la visión de Yamamoto Tsunetomo, el autor del Hagakure. El erudito confucionista Sato Naotaka los criticó por tomar acción, puesto que la sentencia del shōgun debía dar por sentado el asunto. Él estaba de acuerdo con Yamamoto en que debieron cometer seppuku en el Sengakuji una vez consumada la venganza, puesto que como no lo hicieron, abrieron una ventana al perdón y continuar viviendo, algo deshonroso, con respecto a sus crímenes. También reservó sus más duras palabras para Kira, a quien llamó cobarde y cuya precipitación en el asunto causó tantas muertes.
Otros no compartían tales visiones. Asami Yasuda los defendió y Chikamatsu escribió una favorable obra de teatro que se convirtió en un clásico. Al final, los 47 rōnin se convirtieron en leyenda; el Sengakuji es un lugar muy visitado aún y un lugar para modernos admiradores de lo que fue uno de los mejores ejemplos de lealtad samurái que emergió en el periodo Edo.
Los 47 rōnin en la actualidad
En Sengaku-ji se encuentran las tumbas de los 46 rōnin condenados al seppuku y dos más en memoria de Terasaka Kichiemon y Kayano Sanpei. Kayano deseaba fuertemente tomar parte en la venganza pero cometió seppuku antes del ataque debido a la fuerte oposición de su familia.
La venganza de los "Ako Gishi" ha sido representada en varias películas, y es ahora comúnmente conocida como "Chu-shin-gura" (La Historia de los Leales samuráis). Esta es una historia popular, que todavía toca el corazón de los japoneses después de 300 años. La caballerosidad de los sirvientes fieles, y los temas de "Gi" (justicia) y "Chu" (lealtad) están todavía altamente estimados por los japoneses.
Hoy en día se pueden visitar las tumbas de Asano y de los 47 rōnin en el templo Sengaku, en Tokio, donde los japoneses siguen venerando su memoria, poniéndoles incienso y celebrando un festival en el aniversario de su muerte.

lunes, 15 de noviembre de 2010

LOS 47 RONIN II





47 RONIN

La historia verídica de los 47 Ronin es una de las historias mas conocidas de Japón, y donde se ven reflejados los valores e ideales de los guerreros samurai. La versión que incluyo fue escrita por Jorge Luis Borges, en su libro "Historia Universal de la infamia".


El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké

El infame de este capítulo es el incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké, aciago funcionario que motivó la degradación y la muerte del señor de la Torre de Ako y no se quiso eliminar como un caballero cuando la apropiada venganza lo conminó. Es hombre que merece la gratitud de todos los hombres, porque despertó preciosas lealtades y fue la negra y necesaria ocasión de una empresa inmortal. Un centenar de novelas, de monografías, de tesis doctorales y de óperas, conmemoran el hecho -para no hablar de las efusiones en porcelana, en lapislázuli veteado y en laca. Hasta el versátil celuloide lo sirve, ya que la Historia Doctrinal de los Cuarenta y Siete Capitanes -tal es su nombre- es la más repetida inspiración del cinematógrafo japonés. La minuciosa gloria que esas ardientes atenciones afirman es algo más que justificable: es inmediatamente justa para cualquiera. Sigo la relación de A. B. Mitford, que omite las continuas distracciones que obra el color local y prefiere atender al movimiento del glorioso episodio. Esa buena falta de "orientalismo" deja sospechar que se trata de una versión directa del japonés.

La cinta desatada

En la desvanecida primavera de 1702 el ilustre señor de la Torre de Ako tuvo que recibir y agasajar a un enviado imperial. Dos mil trescientos años de cortesía (algunos mitológicos), habían complicado angustiosamente el ceremonial de la recepción. El enviado representaba al emperador, pero a manera de alusión o de símbolo: matiz que no era menos improcedente recargar que atenuar. Para impedir errores harto fácilmente fatales, un funcionario de la corte de Yedo lo precedía en calidad de maestro de ceremonias. Lejos de la comodidad cortesana y condenado a una villégiature montaraz, que debió parecerle un destierro, Kira Kotsuké no Suké impartía, sin gracia, las instrucciones. A veces dilataba hasta la insolencia el tono magistral. Su discípulo, el señor de la Torre, procuraba disimular esas burlas. No sabía replicar y la disciplina le vedaba toda violencia. Una mañana, sin embargo, la cinta del zapato del maestro se desató y éste le pidió que la atara. El caballero lo hizo con humildad, pero con indignación interior. El incivil maestro de ceremonias dijo que, en verdad, era incorregible, y que sólo un patán era capaz de frangollar un nudo tan torpe. El señor de la Torre sacó la espada y le tiró un hachazo. El otro huyó, apenas rubricada la frente por un hilo tenue de sangre... Días después dictaminaba el tribunal militar contra el heridor y lo condenaba al suicidio. En el patio central de la Torre de Ako elevaron una tarima de fieltro rojo y en ella se mostró el condenado y le entregaron un puñal de oro y piedras y confesó públicamente su culpa y se fue desnudando hasta la cintura, y se abrió el vientre, con las dos heridas rituales, y murió como un samurai, y los espectadores más alejados no vieron sangre porque el fieltro era rojo. Un hombre encanecido y cuidadoso lo decapitó con la espada: el consejero Kuranosuké, su padrino.

El simulador de la infamia

La Torre de Takumi no Kami fue confiscada; sus capitanes desbandados, su familia arruinada y oscurecida, su nombre vinculado a la execración. Un rumor quiere que la idéntica noche que se mató, cuarenta y siete de sus capitanes deliberaran en la cumbre de un monte y planearan, con toda precisión, lo que se produjo un año más tarde. Lo cierto es que debieron proceder entre justificadas demoras y que alguno de sus concilios tuvo lugar, no en la cumbre difícil de una montaña, sino en una capilla en un bosque, mediocre pabellón de madera blanca, sin otro adorno que la caja rectangular que contiene un espejo. Apetecían la venganza, y la venganza debió parecerles inalcanzable. Kira Kotsuké no Suké, el odiado maestro de ceremonias, había fortificado su casa y una nube de arqueros y de esgrimistas custodiaba su palanquín. Contaba con espías incorruptibles puntuales y secretos. A ninguno celaban y vigilaban como al presunto capitán de los vengadores: Kuranosuké, el consejero. Este lo advirtió por azar y fundó su proyecto vindicatorio sobre ese dato. Se mudó a Kioto, ciudad insuperada en todo el imperio por el color de sus otoños. Se dejó arrebatar por los lupanares, por las casas de juego y por las tabernas. A pesar de sus canas, se codeó con rameras y con poetas, y hasta con gente peor. Una vez lo expulsaron de una taberna y amaneció dormido en el umbral, la cabeza revolcada en un vómito. Un hombre de Satsuma lo conoció, y dijo con tristeza y con ira: ¿No es éste, por ventura, aquel consejero de Asano Takumi no Kami, que lo ayudó a morir y que en vez de vengar a su señor se entrega a los deleites y a la vergüenza?¡Oh, tú indigno del nombre de Samurai! Le pisó la cara dormida y se la escupió. Cuando los espías denunciaron esa pasividad, Kotsuké no Suké sintió un gran alivio. Los hechos no pararon ahí. El consejero despidió a su mujer y al menor de sus hijos, y compró una querida en un lupanar, famosa infamia que alegró el corazón y relajó la temerosa prudencia del enemigo. Éste acabó por despachar la mitad de sus guardias. Una de las noches atroces del invierno de 1703 los cuarenta y siete capitanes se dieron cita en un desmantelado jardín de los alrededores de Yedo, cerca de un puente y de la fábrica de barajas. Iban con las banderas de su señor. Antes de emprender el asedio, advirtieron a los vecinos que no se trataba de un atropello, sino de una operación militar de estricta justicia.

La cicatriz

Dos bandas atacaron el palacio de Kira Kotsuké no Suké. El consejero comandó la primera, que atacó la puerta del frente; la segunda, su hijo mayor, que estaba por cumplir dieciséis años y que murió esa noche. La historia sabe los diversos momentos de esa pesadilla tan lúcida: el descenso arriesgado y pendular por las escaleras de cuerda, el tambor del ataque, la precipitación de los defensores, los arqueros apostados en la azotea, el directo destino de las flechas hacia los órganos vitales del hombre, las porcelanas infamadas de sangre, la muerte ardiente que después es glacial; los impudores y desórdenes de la muerte. Nueve capitanes murieron; los defensores no eran menos valientes y no se quisieron rendir. Poco después de media noche toda resistencia cesó. Kira Kotsuké no Suké, razón ignominiosa de esas lealtades, no aparecía. Lo buscaron por todos los rincones de ese conmovido palacio, y ya desesperaban de encontrarlo cuando el consejero notó que las sábanas de su lecho estaban aún tibias. Volvieron a buscar y descubrieron una estrecha ventana, disimulada por un espejo de bronce. Abajo, desde un patiecito sombrío, los miraba un hombre de blanco. Una espada temblorosa estaba en su diestra. Cuando bajaron, el hombre se entregó sin pelear. Le rayaba la frente una cicatriz: viejo dibujo del acero de Takumi no Kami. Entonces, los sangrientos capitanes se arrojaron a los pies del aborrecido y le dijeron que eran los oficiales del señor de la Torre, de cuya perdición y cuyo fin él era culpable, y le rogaron que se suicidara, como un samurai debe hacerlo. En vano propusieron ese decoro a su ánimo servil. Era varón inaccesible al honor; a la madrugada tuvieron que degollarlo.

El testimonio

Ya satisfecha su venganza (pero sin ira, y sin agitación, y sin lástima), los capitanes se dirigieron al templo que guarda las reliquias de su señor. En un caldero llevan la increible cabeza de Kira Kotsuké no Suké y se turnan para cuidarla. Atraviesan los campos y las provincias, a la luz sincera del día. Los hombres los bendicen y lloran. El príncipe de Sendai los quiere hospedar, pero responden que hace casi dos años que los aguarda su señor. Llegan al oscuro sepulcro y ofrendan la cabeza del enemigo. La Suprema Corte emite su fallo. Es el que esperan: se les otorga el privilegio de suicidarse. Todos lo cumplen, algunos con ardiente serenidad, y reposan al lado de su señor. Hombres y niños vienen a rezar al sepulcro de esos hombres tan fieles.

El hombre de Satsuma

Entre los peregrinos que acuden, hay un muchacho polvoriento y cansado que debe haber venido de lejos. Se prosterna ante el monumento de Oishi Kuranosuké, el consejero, y dice en voz alta: Yo te vi tirado en la puerta de un lupanar de Kioto y no pensé que estabas meditando la venganza de tu señor, y te creí un soldado sin fe y te escupí en la cara. He venido a ofrecerte satisfacción. Dijo esto y cometió harakirí. El prior se condolió de su valentía y le dio sepultura en el lugar donde los capitanes reposan. Éste es el final de la historia de los cuarenta y siete hombres leales -salvo que no tiene final, porque los otros hombres, que no somos leales tal vez, pero que nunca perderemos del todo la esperanza de serlo, seguiremos honrándolos con palabras.

Jorge Luis Borges - Historia Universal de la Infamia

Para saber más...(en ingles)

THE 47 RONIN AND THEIR SWORDS

Note: the numbers in parenthesis after the sword smith's name refer to the Kanji tables on this site. Thus Norinaga (1,2) refers to the first Kanji for Nori and the second Kanji for Naga.
The information is given in the sequence: name of ronin; age; katana mei and length; wakizashi mei and length; other weapons carried. Only 33 warriors are documented.
(La información que se da en la secuencia: nombre de ronin; edad; katana mei y longitud; wakizashi mei y longitud; otras armas llevadas. Sólo 33 guerreros están documentados)

OISHI KURANOSUKE YOSHIKATSU, age 45
katana mei: Norinaga (1,2), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: Norinaga (1,2), length 2 shaku
te yari
YOSHIDA CHUZAEMON KANESUKE, age 64
katana attribution: Shimada (1,x), length 2 shaku 2 sun
wakizashi mei: Hiromitsu (3,1), length 1 shaku 1 sun
naga yari (long yari)
HARA SOEMON MOTOTOKI, age 56
katana mei: Hirohuni (3,1), length 2 shaku 9 sun
wakizashi mei: Kunisuke (1,2), length 2 shaku
te yari
KATAOKA GENGOEMON TAKAFUSA, age 37
katana mei: Kunimitsu (2,1), length 2 shaku 7 sun
wakizashi mei: Kunishige (1,2), length unknown
te yari
MASE KYUDAIU MASAAKI, age 63
katana mei: Michitaka (1,2), length 2 shaku 1 sun
wakizashi mei: Yoshitsuna (1,2), length 2 shaku
bow and arrow
ONODERA JYUNAI HIDEKAZU, age 61
katana mei: Michinaga (1,2), length 2 shaku 9 sun
wakizashi mei: Kunisuke (2,2), length 1 shaku 9 sun
te yari
HAZAMA KIHEI MITSUNOBU, age 65
katana mei: mumei (unsigned), lenght 2 shaku 9 sun
wakizashi mei: Teruhiro (2,2), length 2 shaku 1 sun
ISOGAI JYUROZEMON MASAHISA, age 25
katana mei: Mitsumori (1,1), length 2 shaku 9 sun
wakizashi mei: Kunimune (2,1), length 2 shaku
te yari
HORIBEI YAHYOE AKIZANE, age 77
katana mei: mumei, length 3 shaku
wakizashi: none
naginata
CHIKAMATSU KANROKU YUKISHIGE, age 34
katana mei: Mitsuyoshi (2,2), length 2 shaku
wakizashi mei: unknown, length unknown
long yari
TOMIMORI SUKEEMON MASAYORI, age 34
katana mei: Tomokuni (2,1), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: Mitsushige (1,2), length unknown
long yari
SHIOTA MATANOJYO TAKANORI, age 35
katana mei: Kunihisa (1,1), length 2 shaku 4 sun
wakizashi mei: Kunihisa (1,1), length 1 shaku 6 sun
HAYAMI TOZAEMON MITSUTAKA, age 42
katana mei: Hiromitsu (3,1), length 2 shaku 7 sun
wakizashi mei: unknown, length unknown
bow and arrow
AKABANE GENZO SHIGEKATA, age 35
katana mei: mumei, length unknown
wakizashi mei: unknown, length unknown
OKUDA MAGODAIU SHIGEMORI, age 57
katana mei: Kunitaka (1,2), length 2 shaku 4 sun
wakizashi mei: unknown, length 1 shaku 6 sun
YADA GOROEMON SUKETAKA, age 29
katana mei: Kunisuke (1,2), length 2 shaku
wakizashi mei: mumei, length 1 shaku 6 sun
OISHI SEZAEMON NOBUKIYO, age 29
katana mei: mumei, length 2 shaku 9 sun
wakizashi mei: mumei, length 1 shaku 9 sun
long yari
OISHI SHIKARA YOSHIKANE, age 16
katana mei: Tomokuni (2,1), length 2 shaku 2 sun plus
wakizashi mei: Hiroshige (3,2), length 1 shaku 1 sun
short yari
HORIBE YASUBEI TAKETSUNE, age 34
katana mei: Kanekuni (2,1), lenght 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: mumei, length unknown
NAKAMURA KANSUKE MASATOKI, age ?
katana mei: Nagakuni (1,1), length 2 shaku 4 sun
wakizashi mei: mumei, length unknown
long yari
SUGANOYA HANNOJYO MASATOSHI, age 44
katana mei: Michinaga (1,2), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: mumei, length unknown
FUWA KAZUEMON MASATANE, age 34
katana mei: Norimitsu (1,1), length unknown
wakizashi mei: Norimitsu (1,1), length unknown
KIMURA OKAUEMON SADAYUKI, age 46
katana mei: Norimitsu (1,1), length 2 shaku 6 sun
wakizashi mei: mumei, length 2 shaku 1 sun
OHIBA SABUROBYOE MITSUTADA, age 51
katana mei: Yasutaka (1,2), length 2 shaku 4 sun
wakizashi mei: Yasutaka (1,2), length 2 shaku
bow and arrow
OKANO KINUEMON KANEHIDE, age 24
katana mei: Tomohisa (2,1), length 2 shaku 4 sun
wakizashi mei: Michinaga (1,2), length unknown
jyumonji yari
KAIGA YAZAEMON TOMONOBU, age 54
katana mei: mumei, length unknown
wakizashi mei: mumei, length unknown
OTAKA GENGO TADAO, age 32
katana mei: Tomohisa (2,1), length 2 shaku 6 sun
wakizashi mei: Masakuni (5,1), length 9 sun 5 bu
OKAJIMA YASOUEMON TSUNEKI, age 38
katana mei: Tomokuni (2,2), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: Tomokuni (2,2), length 1 shaku 4 sun
YOSHIDA SAWAUEMON KANESADA, age 29
katana attribution: Mizuta, length 2 shaku 9 sun
wakizashi attribution: Mizuta, length 1 shaku 8 sun
long yari
TAKEBAYASHI TADAHICHI TAKASHIGE, age 32
katana mei: Hirokuni (1,1), length 2 shaku
wakizashi attribution: Mizuta, length 1 shaku 6 sun
long yari
KURAHASHI DENSUKE TAKEYUKI, age 34
katana mei: Hirokuni (1,2), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: mumei. length 2 shaku
HAZAMA SHINROKURO MITSUKAZE, age 24
katana mei: Kunisuke (2,2), length 2 shaku 2 sun
wakizashi mei: Kunisuke (2,2), length unknown
te yari
MURAMATSU KIHEI HIDENAO, agae 62
katana mei: Kuninaga (1,1), length 2 shaku 8 sun
wakizashi mei: Samuhiro (?,1), length 2 shaku 4 sun
long yari

EL ARTE DE LA PAZ




EL ARTE DE LA PAZ

El arte de la Paz comienza contigo. Trabaja en ti mismo y en tu tarea destinada en el Arte de la Paz. Todo el mundo tiene un espíritu que puede ser refinado, un cuerpo que puede ser entrenado de cierta manera, un camino adecuado el cual seguir. Tu estas aquí sin ningún otro propósito que comprender tu divinidad interna y manifestar iluminación innata. Crear paz en tu propia vida y luego aplicar el Arte a todo que te encuentres.
Uno no necesita edificaciones, dinero, poder o status para practicar el Arte de la Paz. El Cielo está aquí mismo donde te encuentras parado, y ese es el lugar para entrenar. Todas las cosas, materiales y espirituales, se originan de una fuente y están relacionadas como si fueran una sola familia. El pasado, presente, y futuro están todos contenidos en la fuerza vital. El universo emergió y se desarrollo de una sola fuente, y nosotros hemos evolucionado a través del proceso optimo de armonización y unificación.
El Arte de la Paz es medicina para un mundo enfermo. Hay maldad y desorden en el mundo porque la gente ha olvidado que todas las cosas emergen de una sola fuente. Regresa a esa fuente y dejar atrás todos esos pensamientos egocéntricos, deseos sin importancia, y cólera.
 Aquellos que están poseídos por nada poseen todo.
Si no te has vinculado a ti mismo al verdadero vacío, nunca entenderás el Arte de la Paz.
El Arte de la Paz funciona en cualquier lado de la tierra, en reinos que recorren desde lo vasto del espacio hasta las plantas y animales más pequeños. La fuerza vital es totalmente penetrante y su fuerza es ilimitada. El Arte de la Paz nos permite percibir y conectarnos dentro de esa tremenda reserva de energía universal.
Ocho fuerzas sostienen a la creación: Movimiento y quietud, Solidificación y fluidez, Extensión y contracción, Unificación y Creación…..

AKIRA KUROSAWA



AKIRA KUROSAWA

Conocido como "El emperador del cine", Akira Kurosawa nació en 1910 y fue el menor de los siete hijos de un oficial descendiente de samurais y de una mujer perteneciente a una familia de comerciantes en Omori, Tokio. Estudió bellas artes, pero el temor de no ser un buen pintor y su interés por el cine lo llevaron en 1936 a trabajar en los estudios cinematográficos Toho en Tokio, primero como ayudante del director Kairo Yamamoto y luego como guionista de distintos realizadores.
Debutó como director durante la Segunda Guerra Mundial con La leyenda del gran judo (1943) y La nueva leyenda del gran judo (Zoku sugata sanshiro, 1945), historias llenas de espíritu nacionalista. En la segunda mitad de la década de los cuarenta realizó siete películas, entre estas destacan: No añoro mi juventud (Waga seishum ni kuinashi, 1946) y Un domingo maravilloso (Subarashiki nichiyobi, 1947), sólidos dramas, pero sobresale El Ángel borracho (Yoidore tenshi, 1948), la trama enfrenta a un médico alcohólico y a un gángster tuberculoso y fue la primera de su larga serie de colaboraciones con el famoso actor Toshiro Mifune, y además rodó El perro rabioso (Nora inu, 1949), un triller policiaco donde ofreció una visión neorrealista del Tokio de la postguerra.

Se dio a conocer internacionalmente con Rashomon (1950), cinta que trata sobre distintos puntos de vista acerca de una violación ocurrida en el siglo XI, y por la que resultó ganador del León de Oro de la Muestra de Venecia y del Oscar a la mejor producción extranjera en 1951. El éxito obtenido con Rashomon, le permitió rodar con total libertad: El idiota (Hakuchi, 1951), adaptación del clásico de Fiodor Dostoievski; Vivir (Ikiru, 1952) sobre la vida de un funcionario con cáncer; Los siete samuráis (Shishinin no Samura, 1954), historia de época con la cual gana nuevamente el León de Oro de la Muestra de Venecia; Los bajos fondos (Donzoko, 1954), versión de la obra homónima de Máximo Gorki; El trono de sangre (Kumonosu-jo, 1957), adaptación de Macbeth, de William Shakespeare; La fortaleza escondida (Kakushi toride no san Akunin, 1958) historia de época; El mercenario (Yojimbo, 1961), relato de samuráis, y El infierno del odio (Tengoku to jigoku, 1963), adaptación de una novela policiaca del especialista norteamericano Ed McBain.


Tras el fracaso comercial de Barba roja (Aka Hige, 1965), producción histórica sobre la vida de un médico, tardó cinco años en filmar El camino de la vida (Dodes ka-den, 1970), su primer trabajo en color, que consiste en una dura parábola sobre la otra cara del desarrollo económico. A pesar de que se trató de un gran cinta, el fracaso comercial propició que el famoso realizador no encontrara productores para sus siguientes proyectos, asunto que lo sumergió en una profunda depresión y lo llevó a un intento de suicidio. Cinco años después gracias al apoyo de la entonces Unión Soviética consiguió financiamiento para rodar Dersu Uzala, y llevar así a la pantalla las memorias del explorador Vladimir Arseniev.

Dersu Uzala, fue un éxito inesperado, una película reconocida entre sus mejores trabajos y con la cual ganó el gran premio del Festival de Moscú y el Oscar a la mejor película extranjera en 1975.


En 1980 recibió el Oscar por su trayectoria y filmó, Kagemusha con la ayuda de George Lucas y Francis Ford Coppola, recibiendo por esta cinta la Palma de Oro del Festival de Cannes. En 1984 filma Ran, nuevamente una adaptación de Shakespeare, al realizar la versión cinematográfica de El rey Lear. En 1990 comienza el rodaje de Los sueños de Akira Kurosawa, con la producción de George Lucas y Steven Spielberg. Sus dos últimos trabajos fueron Rapsodia en agosto (1991) y Madayayo (1993) cintas que a su muerte, ocurrida el 6 de septiembre de 1998, mientras dormía, aún no habían sido proyectadas.

Para saber +
kurosawa-foundation

Teneis más imágenes de carteles aqui:


NOTA: información extraida de "miscartelesdecine" donde podeis encontrar muchos más carteles tanto de Kurosawa como de otros directores. Por cierto este blog esta muy bien para la gente que le guste el buen cine como a mi. Ver mi lista de blogs.

Algunos carteles de sus peliculas:



Descargar FILMOGRAFÍA
+ PELICULAS

Tras una ingente labor de digitalización, se ha concluido el mayor archivo abierto de Kurosawa en la página web www.afc.ryukoku.ac.jp/Komon/kurosawa/index.html, donde hay unas 20.000 páginas con anotaciones, dibujos, guiones gráficos y fotos del gran maestro del cine nipón: ir a la página...


LA HAKAMA


Breve Historia

La hakama es un tipo de pantalón que comenzó a ser utilizado por los jinetes samurai como una prenda externa adicional para proteger las piernas, ya fuera del roce de los arbustos o de otros elementos. La función de este pantalón es similar a la de los pantalones de piel utilizados por los vaqueros, sin embargo, puesto que en Japón la piel vacuna no era particularmente accesible, la hakama se confeccionaba con telas gruesas.
Si bien, originalmente la hakama era un artículo totalmente funcional, posteriormente se convirtió en un símbolo de status o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurai.
Sin embargo había diferentes tipos de hakama. El tipo usada por los artistas marciales hoy en día - con “piernas”- llamada joba hakama, una hakama que era una especie de falda tubular -sin piernas- y una tercera que era una versión extremadamente larga de la segunda. Esta era usada en las visitas al Shogun o Emperador. Medía alrededor de 5 metros de largo y era doblada repetidamente y colocada entre los pies y las nalgas del visitante. Esto obligaba al visitante a caminar en shikko (caminar de rodillas) y hacía extremadamente improbable el que pudiera esconder un arma (que quedaba dentro de la hakama) o incorporarse rápidamente para realizar un ataque.


Actualmente, la hakama la utilizan en Japón hombres y mujeres, tanto para eventos especiales como en la vida diaria, y como ya no existen los samuráis como una clase social, , ahora son los practicantes de ciertas artes marciales (como el Kendo o el Aikido) quienes continúan con el tradicional uso de la hakama como un símbolo de posición. De hecho, dentro de las artes marciales que utilizan la hakama como parte del uniforme, el uso de ésta generalmente se reserva únicamente para aquellos que ya adquirieron el grado de cinturón negro, aunque existen excepciones, ya que existen algunas escuelas en las que un estudiante que alcance cierto nivel antes del cinturón negro puede utilizarla
O Sensei fue mas bien categórico en que TODOS usaran hakama , pero él provino de una época/cultura donde no distaba de usarse la hakama como una vestimenta formal de uso común.
“Algunos de los estudiantes eran demasiado pobres para comprarse una hakama pero se requería usar una. Si no podían obtener una de un compañero mas antiguo, tomaban la cubierta de un viejo almohadón, la cortaban, teñían y la entregaban a una costurera para que le confeccionara una.
Puesto que usaban tinturas baratas, por supuesto, después de un tiempo el color original comenzaba a mostrarse y la pelusa del viejo almohadón se desprendía al trabajar.”

Saito Sensei, sobre el uso de la hakama en el dojo de O Sensei en la vieja época.
“En el Japón de la post guerra muchas cosas eran difíciles de conseguir, incluyendo la ropa. Debido a esta escasez, entrenábamos sin hakama. Intentábamos hacernos una con las cortinas usadas para los ataques aéreos pero como estas cortinas estuvieron colgadas al sol por años, se convertían en polvo tan pronto como empezábamos a hacer suwariwaza. Constantemente estábamos emparchando esas hakamas. Fue bajo esas condiciones que alguno de nosotros sugirió: “Por que no decimos okay, no usamos hakamas hasta que seamos shodan?” Esta idea fue puesta en práctica como una costumbre temporal para ahorrar dinero. Esta aceptación de una sugerencia no tiene nada en común conque la hakama sea un símbolo de la graduación de dan.”
Shigenobu Okumura Sensei, “Aikido Today Magazine” #41

“Cuando era uchi deshi de O Sensei, todos debíamos usar hakamas para practicar, comenzando con la primera graduación. No había restricciones con el tipo de hakama que pudieras usar, entonces el dojo era un lugar muy pintoresco. Uno veía hakamas de todos los largos, colores, y calidades, desde la hakama de kendo, las hakamas rayadas usadas en las danzas Japonesas, hasta las hakamas de seda llamadas sendai-hira. Supongo que algunos principiantes tomaban “prestada” la costosa hakama de su abuelo, pensando en usarla solo en ocasiones especiales y ceremonias, y se las subían por sobre las rodillas en la práctica de suwariwaza.
Recuerdo vívidamente el día que olvide mi hakama. Me preparaba para entrar al tatami, usando solo mi dogi, cuando O Sensei me dijo. “Donde está tu hakama?” en un tono de voz muy severo. “Que te hace pensar que puedes recibir las enseñanzas de tu instructor vistiendo nada mas que tu ropa interior? No tienes el mas mínimo decoro? Obviamente careces de la actitud y la etiqueta necesaria de quien se propone entrenar en budo. ¡Siéntate al costado y observa la clase!”
Esta fue solamente la primera de muchas reprimendas que recibí de O Sensei. Sin embargo mi ignorancia en esta ocasión impulsó a O Sensei a leer a sus uchi deshi después de clases sobre el significado de la hakama. Nos dijo que la hakama fue vestimenta tradicional de los estudiantes de kobudo y pregunto si alguno de nosotros conocíamos la razón de que la hakama tuviera siete pliegos.
“Simbolizan las siete virtudes del budo,” O Sensei dijo “Son: jin (caridad), gi (honor o justicia), rei (cortesía y etiqueta), chi (sabiduría, inteligencia), shin (sinceridad), chu (lealtad), y koh (devoción). Hallamos estas virtudes en los más distinguidos samurais del pasado. La hakama nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza del verdadero bushido. Vestirla simboliza tradiciones que fueron legadas de generación en generación. El Aikido nace del bushido, espíritu del Japon, y en nuestra práctica debemos esforzarnos en pulir las siete virtudes tradicionales.”
Actualmente, Muchos dojos de Aikido no siguen esta estricta costumbre de O Sensei sobre el uso de la hakama. El significado fue mutando del símbolo de virtudes tradicionales hasta convertirse en un símbolo del grado de yudansha He visitado muchos dojos en diferentes naciones. En algunos de ellos solo los cinturones negros usan hakama, el yudansha ha perdido su humildad. Piensa en la hakama como un trofeo por mostrar, como un símbolo visible de su superioridad. Este tipo de actitudes convierten la ceremonia del saludo a O Sensei, con la cual empezamos y terminamos cada clase, en una burla a su memoria y su arte.
Así también, en algunos dojos, a las mujeres de graduación de kyu (y solamente a las mujeres) se les requiere el uso de hakama, supuestamente para preservar su recato. En mi opinión no solo es insultante y discriminatorio hacia la mujer aikidoka sino que es también insultante para el varón aikidoka, porque supone una baja disposición a su parte que no tiene lugar en un tatami de aikido.
Ver a la hakama en tan mezquina situación me entristece. Puede parecer algo trivial para algunas personas, pero recuerdo muy bien la gran importancia que O Sensei le daba al uso de la misma. No puedo descartar la importancia de esta prenda, y ninguna otra, creo, puede disputar la gran importancia de las virtudes que simboliza. En mi dojo y las escuelas asociadas aconsejo a todos los estudiantes usar hakama sin importar su graduación. Siento que usando una hakama y conociendo su significado, ayudo a los estudiantes a ser concientes del espíritu de O Sensei y mantener viva su imagen.
Si permitimos que la importancia de la hakama se diluya, quizás comencemos a permitir que íconos del alma del aikido se pierdan como si más. Si, por otra parte, somos leales a los deseos de O Sensei respetando nuestra ropa de práctica, nuestro espíritu le es más leal al sueño al cual le dedicó toda su vida.”
Mitsugi Saotome Sensei, “The Principles Of Aikido”
Aunque la hakama de uso general puede ser de varios colores o incluso estampada, en las artes marciales generalmente es de color negro, azul índigo, gris o blanco. En el Aikido el color blanco tiende a ser utilizado únicamente por maestros de grado muy alto (aunque en algunas escuelas la utilizan quienes todavía no obtienen la cinta negra).
La forma de atar las cintas de la hakama, una vez puesta, suele variar dependiendo del arte marcial practicado. Por ejemplo, en el Kendo el nudo queda en la espalda, mientras que en el Aikido se deja al frente. Esto tiene una razón muy práctica, y es que en Aikido, si el nudo quedara atrás, sería muy molesto en el  momento de realizar las caídas hacia atrás.

Partes

• Koshiita (panel de madera, tabla de la cintura), es el refuerzo posterior para la espalda.
Generalmente es de un material firme pero flexible.
• Himo son las cintas o cinturones:
Ushirohimo, las cintas cortas posteriores (ushiro).
Maehimo, las cintas largas frontales (mae).
• Hida son los pliegues o dobleces:
• Ôhida (el gran pliegue), el pliegue posterior.
• Yosehida, los pliegues frontales

Simbolismo

En la tradición japonesa cada uno de los dobleces de la hakama representa una virtud primordial. De hecho existen varias interpretaciones al respecto y que van desde darle un significado particular a cada doblez hasta definir si en la parte de atrás se consideran uno o dos dobleces. Dado que esta prenda fue utilizada tanto por los samurais (la clase guerrera) y posteriormente por la sociedad en general, las virtudes asignadas a los pliegues han dependido precisamente del enfoque particular de cada grupo.

Sociedad japonesa

Desde el punto de vista de la sociedad tradicional japonesa, los cinco pliegues frontales simbolizan las cinco virtudes fundamentales:
Jin  Virtud, benevolencia, humanidad, caridad.
Gi  Justicia, moralidad, honor, lealtad.
Rei  Expresión de gratitud (cortesía, respeto).
Chû  Lealtad, fidelidad.
Kôhei  Ser justo, imparcial; justicia.
Nota: El Kanji "chû" contiene los caracteres: centro y corazón.
El doblez en la parte posterior representa a las cinco virtudes consolidadas en una gran virtud y que es la de ser un ser humano integral. Los kanji para expresar "cinco virtudes" (gotoku), también se utilizan para denotar la base para la olla de hierro utilizada en las casas japonesas antiguas para calentar el agua, con lo cual podría decirse que las cinco virtudes son como una base o plataforma para el individuo.
Con respecto a las virtudes, puede ser interesante saber que las cuatro más importantes en la ceremonia del té, son:
Wa  Armonía.
Kei  Respeto.
Sei  Pureza.
Jaku  Tranquilidad.



O Sensei

Según O Sensei, los siete pliegues simbolizan las siete virtudes del Budo:

Jin  Benevolencia, compasión, amor universal.
Gi  Justicia, lo correcto.
Rei  Cortesía, etiqueta.
Chi  Sabiduría.
Shin  Sinceridad, confianza, devoción.
Chû  Lealtad, fidelidad.
Kôhei  Ser justo, imparcial; justicia.

Nota: las primeras cinco son aquellas que fueron establecidas por Confucio.

Bushido

Desde el punto de vista de los samurais, los dobleces representan los siete códigos del bushido:

Jin  Amor universal, benevolencia, caridad, compasión.
(cuán generoso o compasivo es el portador).
Gi  Lo correcto, integridad, justicia
(el valor propio del portador, su moral, integridad o capacidad de tomar decisiones correctas).
Rei  Cortesía, etiqueta, obediencia
(el aspecto social o el comportamiento del portador).
Yû(ki)  Coraje, valor, heroísmo
(el valor, espíritu o entrega del portador).
Makoto  Honestidad, sinceridad, veracidad
(qué tan digno de confianza es el portador).
Chûgi  Devoción, lealtad, fidelidad
(la lealtad del portador hacia su Señor, maestro o aliados).
Meiyo  Dignidad, honor, prestigio
(la posición honorífica que se le ha otorgado al portador).

Cuidados

Para una hakama de algodón:

• Antes de utilizarla por primera vez, ponerla a remojar en una mezcla de vinagre (o amoniaco) y agua en una proporción de 1:32 (e.g., 625 mililitros de vinagre en 20 litros de agua) durante unas 8 o 10 horas para ayudar a que el tinte se fije a la tela: esto contribuirá a evitar que se deslave.
• En términos generales, la frecuencia con que debe lavarse es muy baja, por ejemplo, una o dos veces al año, de acuerdo a las condiciones y al uso que se le de.
• Siempre lavarla aparte, ya que el tinte se desprende con el tiempo.
• De preferencia debe lavarse a mano, con agua fría y con una mínima cantidad de detergente.
De ser posible, la hakama simplemente se extiende, pero cuidando de mantener sus dobleces verticales, se sumerge en una bandeja alargada (o en una tina), y se presiona durante varios minutos para que el agua circule entre la tela. Este procedimiento ayuda a conservar tanto el color como los pliegues.
• Para enjuagarla se utiliza agua fría. Si se desea, puede agregarse un poco de vinagre para ayudar a conservar fijo el tinte.
• El secado se hace al aire, mas no al sol. Una vez seca, se dobla para mantener su aspecto correcto.

Para una hakama sintética:

• Ésta simplemente se trata como cualquier prenda de planchado permanente, esto es, una vez seca se dobla inmediatamente para mantener bien definidos sus pliegues y su aspecto.

Cómo Doblar

Una hakama siempre debe doblarse después de usarla, ya que esto ayuda a mantenerla sin arrugas, con los pliegues bien definidos y con un aspecto elegante.
A continuación se presenta una guía para aprender a doblar una hakama:
Existen varias formas de doblar la hakama. En todo el proceso debe cuidarse que los dobleces queden bien marcados y que las cintas siempre se mantengan ajustadas de manera firme.
Se pueden probar varias formas tanto para colocársela como para doblarla, ya sabéis “cada maestrillo tiene su librillo”











Aquí os dejo también como se viste una hakama (aunque por mi experiencia yo me la pongo como puedo dependiendo de la prisa que tenga, que a veces no llego a tiempo y ya sabéis que es de mala educación hacer esperar al sensei,je,je…)



Por cierto se me olvidaba….SIN COMENTARIOS (JODER CON LOS YANKIES)



Si conocéis a alguna modista y queréis confeccionarla vosotros mismos aqui os dejo los patrones.

Primero de todo debéis tomaros medidas:


Y estas son las medidas estándares por si decidimos encargarla o comprarla en una tienda especializado o en la web…


PATRONES:



PATRONES JAPONESES:

Como anécdota, por que las medidas están en japonés así que yo no me entero.....



Patrones obtenidos gracias a:
http://www.cosplay.janchan.com/
http://www.crane-ny.co.jp/
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